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01 gennaio

Es primero de Enero

Es primero de enero y me pregunto si existe un día más aburrido. En cualquier caso fue un día (bueno, todavía sigue siendo) para dormir, leer y pensar. Es inevitable pensar qué se hizo el año pasado, qué pasó, qué sentí, etc. Me extraña cómo de un día para otro mentalmente todo es nuevo: el tiempo, el espacio, las promesas...
 
Mi 2005 fue estupendo porque estuvo lleno de altibajos, fue un collage de sentimientos nuevos y de otros que estaban sepultados y despertaron. Odio el estado de estupor en que no siento nada, en que el tiempo es como una sustancia viscoza que me mantiene inmóvil. El 2005 por otro lado fue un año de mucho movimiento: decidí salirme de periodismo por mi salud mental y física y entré a editorial en el segundo semestre del año y puedo decir que encontré mi gremio (un saludo a Melissa) y fue lo mejor que pude hacer; debido a ese cambio encontré a una amiga muy especial (un segundo saludo a Melissa); vi la mejor materia de la carrera: Taller de escritura I con Margarita Valencia; vi la electiva de piano y por fin tuve acercamiento con lo más parecido al instrumento (una clavinova) y aprendí muchísimo; vi una clase con Piedad Bonnett (nada más que agregar); me reencontré con Tori Amos por muchos años perdida en mi piscina de recuerdos; compré muy buena música (referencia al punto anterior); volví a ser muy amiga de Moni  y de Vero y me hice muy amiga de Felipe Costa, el "Pollo"; leí y releí muy buenos libros; trabajé y con el sudor de mi frente gané varios sueldos; fui más a cine; me lancé a escribir poesía y dejé a la narrativa descansando; abrí este space y un fotolog; fui al concierto de Bajofondo con él, quien, después de todo, fue lo mejor de mi año.
10 ottobre

Tiempos de invierno

Hoy experimenté algo nuevo en mi vida: me deslicé sobre peloticas de hielo. Y fue algo así como patinar sin necesidad de ruedas, sólo zapatos y el granizo sobre las tabletas en el suelo. Gratamente me encontré en esa situación imprevisible cuando bajaba desde mi facultad en la universidad. Por supuesto que antes había pensado que prefería mojarme un poco a tener que esperar quien sabe cuántas horas para que escampara así que abrí el paraguas y salí. La parte de "mojarme un poco" resultó falsa, me mojé muchísimo, alcanzo a creer incluso que me mojé más yo que la sombrilla dado que el viento dirigía toda el agua hacia mis piernas y yo reía por lo inevitable de la situación. Pero luego, empezó a caer granizo en el preciso momento en el que llegué a la parte donde el suelo no era de cemento, donde las suelas se adhieren, sino cubierto de un piso resbaloso. Y ya con los pantalones emparamados pegados a la piel como si fueran de licra y con los zapatos haciendo de piscinas, cayeron del cielo peloticas congeladas. Un crujido sonaba a cada paso. Y luego, la cantidad de hielo improvisó una pista de patinaje casi exclusiva para mi -yo era la única alrededor-. Un placer, sin duda y además, una experiencia reveladora porque fue una prueba de que los riesgos pueden traer recompensas que no pensaba siquiera que existían. Ese miedo de los hombres a la lluvia, supongo que es algo natural -aunque algunos la repelen como si fuera ácido-, pero mirando este asunto metafóricamente diría que es el miedo de lo imprevisible, el miedo a sobrepasar la tierra seca a suelos resbalosos. Pero a veces toca salir, toca salir y mojarse para sentir cómo se moja. La sabiduría está ahí, en la lluvia, en la calle, en el mundo, en el otro...